‘No hay alternativa’: así se llama el nuevo primer ministro de Grecia [ισπανικά]

A pesar de la insipidez generalizada de las elecciones griegas que tuvieron lugar el domingo, Grecia ha tomado un camino nuevo, y es considerablemente más oscuro. Por primera vez, tanto el Gobierno de coalición como la oposición parlamentaria democrática en su totalidad aceptan el programa de austeridad de julio como la única opción para Grecia, dejando así cualquier tipo de debate sobre alternativas a los sectores más oscuros del espectro político griego.

Uno podría pensar «¡Por fin! Grecia ha escogido el camino de la razón y el realismo»; sin embargo, esto tiene truco.

El nuevo memorándum de Grecia, el nuevo acuerdo con los acreedores del país, es algo más que el tercero de una secuencia lineal de obligaciones tecnocráticas y pactos de reforma. Se trata de un acuerdo de una viabilidad y una coherencia política y económica casi nulas, un acuerdo al que nada menos que el Fondo Monetario Internacional tachó de «no viable», ya que la deuda pública de Grecia ha llegado a ser «altamente insostenible» a través de los numerosos rescates recibidos. Parece que no ha sido un acuerdo diseñado para funcionar, sino para evitar que crezcan las esperanzas de países como España e Italia con respecto a las futuras políticas de crisis de la Unión Europea tras el resultado del referéndum sobre austeridad que se realizó en Grecia en julio. Considerando el eco que ha tenido en los medios de comunicación que el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, tuviera un plan definitivo para el Grexit, uno puede llegar a decir que este nuevo acuerdo ha sido diseñado para el fracaso. Incluso a los más entusiastas de los anteriores dos planes de austeridad (vistos como paquetes de reformas, garantes del equilibrio fiscal, etc.) les costaría lo suyo defender este acuerdo radicalmente diferente incluso si la sinceridad fuera el motor detrás del entusiasmo por la austeridad.

Tras su humillante capitulación de julio, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, no se limitó a admitir la derrota, sino que convirtió este giro de 180 grados en una ideología. Durante su primera entrevista televisiva en Grecia tras las negociaciones, unos espectadores atónitos pudieron ver la cara de Alexis Tsipras y oír una réplica que copiaba casi palabra por palabra los argumentos del anterior primer ministro de derechas, Antonis Samaras, quien, en su propio giro de 180 grados, hablaba de patriotismo de austeridad y de la inexistencia de cualquier otra alternativa posible remotamente favorable. Al día siguiente, Tsipras se había convertido, sin remordimientos, en eso para lo que decía ser, una alternativa viable y realista.

Con este bagaje hizo campaña para las elecciones del 20 de septiembre de 2015, elecciones que ganó con cierta facilidad a pesar del cambio en su discurso con respecto al de enero de 2015. El partido de los que fueron disidentes anti-austeridad en SYRIZA, Unidad Popular, no consiguió ni siquiera llegar al 3% del umbral electoral para entrar en el Parlamento, mientras que –para sorpresa de muchos– el compañero de coalición de SYRIZA (ahora y siempre), el partido de derechas Griegos Independientes (ANEL), entró en el parlamento a pesar de haber aniquilado la razón de ser de su base electoral, que era votar en contra de los programas de austeridad.

La parte práctica de todo esto es que ahora todos los miembros del Parlamento griego –excepto el partido extremista y neonazi, Amanecer Dorado (y el Partido Comunista de Grecia, que ha decidido excluirse voluntariamente de cualquier papel político a todos los efectos para esperar una futura revolución escatológica)– están preparados para apoyar la implementación de un acuerdo de austeridad que incluso el Fondo Monetario Internacional ha calificado de «inviable», mientras que economistas de todo el mundo se niegan incluso a debatir sobre si producirá recesión o crecimiento. Puede que los partidos parlamentarios de Grecia, SYRIZA, Nueva Democracia, PASOK, To Potami (El Río), Griegos Independentistas y Unión de Centristas no estén dispuestos a formar un Gobierno de coalición compuesto por seis partidos, pero, aun así, apoyarán y votarán un programa destinado al fracaso, dejando así a Amanecer Dorado –el partido más extremista que pueda imaginarse y cuyo líder ha asumido la responsabilidad política por el asesinato de un ciudadano– como la única fuerza parlamentaria en contra de los programas de austeridad (sin contar, una vez más, al Partido Comunista de Grecia, que se mantiene apartado por voluntad propia).

Teniendo en cuenta que hay consenso con respecto a la implementación del nuevo acuerdo, quién está en el poder tiene una importancia limitada, en tanto apenas hay margen para la libre voluntad política. En este contexto, cualquier debate sobre partidos y políticas «de izquierda» o «de derecha» parece ser superfluo. Además, el periódico de Reino Unido The Guardian, afirma que quien dirigirá el país de verdad será Maarten Verwey, «un economista holandés trajeado de Bruselas con el imponente título de director general del Secretariado General de la Comisión Europea a cargo del Grupo de Apoyo para la Coordinación de Reformas Estructurales. […] Sus poderes no tienen precedentes. Y, si algunos votantes han oído este nombre en las calles de Atenas, muchos entenderán que lo que ellos voten no marcará la diferencia en lo que pase después».

La situación puede describirse como la encarnación de la doctrina herméticamente cerrada que utilizaba Margaret Thatcher: TINA (cuyas siglas provienen del eslogan en inglés «there is no alternative», que significa «no hay alternativa»). Sin embargo, Thatcher es conocida también por su discurso del «no, no, no» contra el aumento del poder de los órganos supranacionales no electos a costa de los órganos nacionales elegidos democráticamente y, en última instancia, contra una moneda europea única. En contraposición, a los partidos políticos de Grecia se les suele oír bramando un «sí, sí, sí».

Nada ha cambiado con estas elecciones nacionales griegas. Según parece, el país seguirá contando con una coalición entre SYRIZA y Griegos Independientes, como antes, y con Nueva Democracia como partido principal de la oposición, como antes.

Todo ha cambiado con estas elecciones nacionales griegas. Por primera vez, la doctrina del «no hay alternativa» reina como no lo había hecho nunca antes, imponiendo la aplicación universal de un programa difícilmente aplicable como si fuera fruto de la democracia, mientras que el extremismo político disfruta de ser la única alternativa y se sienta a esperar a que el país esté listo para su conquista.

Sotiris Mitralexis–via huffingtonpost.es

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